Posteado por: mueblesdebebe | 2 diciembre, 2011

DIY: Calendario de Adviento

¿Acabas de darte cuenta que ya estamos en Diciembre y no tienes preparado el calendario de adviento para los niños?

¡No pasa nada! Aquí os damos un par de ideas, que podrás hacer este puente con tus hijos. Prepara con ellos el calendario y luego añade a cada día una chocolatina y un mensaje con un propósito. Les encantará…¿os animais?

 

Más info en: www.livingathome.de

Y, ¿qué te parece esta original ideal de recopilar 24 cajitas de diferentes tamaños, decorarlas juntos y meter una sorpresa en cada una de ellas? ¡Es muy fácil, no tardas nada y es original!

Mas info en thecreativeplace.blogspot.com

Ah y no os preocupéis, porque no haberlo tenido a tiempo…¡seguro que vuestros hijos estarán encantados de poder abrir más de una cajita para ponerse al día con el calendario!

Feliz puente para todos

Posteado por: mueblesdebebe | 12 noviembre, 2011

Tiradores para muebles infantiles

¿Os habéis fijado en nuestros tiradores? Hacen juego con nuestras alfombras lavables en lavadora.

Puedes utilizarlos para decorar la habitación de tu hijo o para hacer un regalo original de nacimiento, de cumpleaños o para Navidad.

Miden 8x8cm y vienen en un pack de 6 unidades, para que puedas colocarlos en la mesa de noche, en la cómoda o las puertas del armario del cuarto de tu hijo.

Entra en nuestra Web y descubre todos los diseños y colores que tenemos: Estrella, nube, corazón, barquito, galleta….

Mas información en www.cuentaovejitas.com

Posteado por: mueblesdebebe | 26 octubre, 2011

Alfombras Lorena Canals

Tenemos hasta fin de mes modelos de Alfombras de Lorena Canals de oferta: a 89€ transporte incluido. Aqui os adelantamos algunos modelos:

ALFOMBRA MODELO GRANJA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿A qué esperas?

Entra en nuestra Web www.cuentaovejitas.com y descubre todas las ofertas que tenemos.

Posteado por: mueblesdebebe | 24 octubre, 2011

Halloween: Fantasmas de Chococolate

He visto esta receta de Piruletas de Chocolate con forma de Fantasmas en el Blog Eighteen 25 y tiene una pinta buenísima. Podemos pasar una tarde divertida preparándolas, en vez de comprar las típicas chuches para celebrar el día de Halloween.

Ingredientes:

Palitos de Bretzel

Chocolate Blanco

Mini Cookies de Chocolate

Botella de Plástico con embudo o Bolsa de Plastico con un corte

Papel vegetal para colocar en una bandeja de horno

Modo de hacerlo:

Derretir el chocolate blanco, cubrir una bandeja con papel y colocar palitos de bretzel. Verter chocolate derretido en una botella o una bolsa haciéndole un corte en una esquina. Empezar dibujando el contorno de fantasmas y luego rellenarlo con chocolate. Utilizamos las mini cookies de chocolate para ponerle ojos a los fantasmas. Mételos en el congelador  unos 10-15 minutos. ¡Y listos! Este es el resultado:

 

Posteado por: mueblesdebebe | 20 octubre, 2011

Ofertas especiales

De cara a la Navidad y, siendo previsoras, hemos pensado poner artículos en promoción por un periodo limitado a un precio muy atractivo.

Así con tiempo podréis encargarnos un regalo para un recién nacido, para vuestro hijo, para un sobrino, para el hijo de una amiga, para un cumpleaños especial…lo que os apetezca!

¡¡ESTAD ATENTAS!! Cada dos semanas iremos cambiando de artículos.

Empezamos con esta butaca balancín, que podéis elegir en diferentes colores y modelos…topitos, cuadritos o liso. Es ideal y, lo mejor, podéis adquirirla por sólo 299€.

Aprovechad la ocasión y pasadlo a todo el que le pueda interesar. Recordad que es por un tiempo limitado.Entra en www.cuentaovejitas.com. ¡Os esperamos!

Posteado por: mueblesdebebe | 17 octubre, 2011

Somos optimistas por naturaleza

Hoy quiero compartir con vosotros un artículo interesante sobre el Optimismo escrito por Cristina Saéz en La Vanguardia:

La mayoría de seres humanos solemos ver el vaso medio lleno. Si imaginamos cómo será nuestra vida dentro de unos años, fantaseamos con haber ascendido en el trabajo, con una mejor casa, haber encontrado a nuestra media naranja, quizás tener un hijo o hacer un gran viaje. En nuestra mente, estamos convencidos de que el futuro, nuestro futuro, va a ser sin duda mucho mejor que el pasado y que el presente. Es la naturaleza humana: somos seres optimistas. Tanto da la edad, la cultura o las condiciones socioeconómicas, tendemos al optimismo la mayor parte del tiempo. Es más, solemos exagerar nuestros talentos y sentimos que estamos por encima de la media; si nos preguntan, somos excelentes conductores, mucho mejores que la mayoría; también estamos convencidos de que llegaremos a los noventa y tantos o a los cien, después de una vida completa y feliz.

En cambio, subestimamos nuestras probabilidades de padecer una enfermedad o de sufrir una desgracia. Aunque las estadísticas dicen que una de cada cuatro personas desarrollará un cáncer, ni se nos pasa por la cabeza que podamos formar parte de ese 25%. Tampoco que vayamos a divorciarnos, a pesar de que tenemos un 50% de posibilidades, ni que vayamos a sufrir un infarto ni que pasaremos a engrosar la lista de parados.

Incluso en una situación como la actual, de crisis y de pesimismo colectivo, en la que las expectativas laborales y económicas no son demasiado halagüeñas, en la que cada día a través de los medios de comunicación recibimos noticias nada positivas acerca de la situación de nuestro país y del mundo, nuestro optimismo personal se mantiene intacto.Y si no, hagan la prueba: piensen por un instanteen cómo estarán ustedes dentro de cinco años.¿Qué ven? ¿Se imaginan su vida peor o algo mejor que hoy?

Solemos pensar que somos seres racionales, que valoramos cada situación, los pros y los contras, para tomar nuestras decisiones. Que somos realistas y que soñamos lo justo y necesario. Y sin embargo, lo cierto es que somos sumamente optimistas y tocamos poco con los pies en el suelo. De hecho, ocho de cada 10 personas son muy optimistas; sólo un 20% no lo es, predice de forma razonable el futuro y… ¡tiende a estar deprimida!

Fe en el futuro Que presentemos ese sesgo optimista es bueno y es malo. Es bueno porque “el optimismo nos inspira, nos empuja a seguir adelante. Seguramente, sin esa fe en el futuro nuestros ancestros jamás se hubieran aventurado a salir de las cavernas o a abandonar sus tribus en busca de cosas mejores”, señala Tali Sharot, neurocientífica, y una de las personas que más ha investigado sobre el optimismo. Sharot es autora del libro The optimism bias (El sesgo del optimismo).

Tener tantas esperanzas nos hace capaces de imaginar realidades alternativas mejores y  solemos creer que podemos conseguirlas, por lo que luchamos y tratamos de alcanzarlas. Y en ocasiones… ¡lo logramos! Por lo tanto, nos acerca de alguna manera a nuestros sueños. Además, el optimismo mantiene a nuestras mentes a gustito, rebaja el estrés, mejora nuestra salud física y nuestro estado de humor. En definitiva, nos conduce a un mayor bienestar.

Los optimistas se recuperan antes de la enfermedad y, en general, suelen ser más longevos. Tienden a ganar más dinero y a trabajar más, piensan que tienen pocas probabilidades de divorciarse y tienden a casarse más que los pesimistas y a casarse, también, por segunda vez más que ellos. Tampoco creen que se vayan a poner enfermos ni que nada malo les vaya a ocurrir. Por lo que, en general, viven más felices.

No obstante, ser tan optimistas y dejar de tener los pies en el suelo también puede pasarnos factura. Asumir presunciones demasiado positivas como ciertas y subestimar los riesgos que eso conlleva puede conducirnos a errores desastrosos. Por ejemplo, si desestimamos que podamos padecer problemas de corazón o un cáncer, puede que no pasemos revisiones médicas cada año o que no nos cuidemos tomando dietas bajas en grasas o practicando ejercicio. Y que cuando nos demos cuenta, ya sea demasiado tarde. En algunos casos minoritarios, “el sesgo puede conducir incluso a un desastre global”, asegura la investigadora Sharot, que pone como ejemplo la crisis financiera del 2008. “Cada inversor, banquero o regulador económico esperaba beneficios un poco mejores de los que estaban garantizados de forma realista. De forma individual, el sesgo optimista no debería haber comportado grandes pérdidas, pero cuando se combina con otros produce una burbuja financiera gigante que ha provocado en el mercado todo lo que hemos visto”, añade.

Pero, ¿por qué somos tan empecinadamente optimistas? ¿Por qué nos empeñamos en ver sólo el lado bueno de las cosas, a pesar de que la realidad nos diga todo lo contrario? Pues, seguramente, responde la neurociencia, porque tiene que ser así; porque a lo largo de la evolución, el optimismo ha sido y es, seguramente, nuestro bote salvavidas.

¿Medio lleno o medio vacío? Durante tiempo, ese sesgo optimista que compartimos todos los seres humanos llevó de cabeza a los científicos, que se encontraban totalmente desconcertados. Que fuéramos tan ilusos no parecía tener sentido e incluso en algunos casos jugaba en nuestra contra. Sabían que debía desempeñar un papel importante, puesto que estaba relacionado con la salud mental y física, mientras que el pesimismo se vinculaba a la severidad de los síntomas en la depresión. Pero por más que buscaban, no encontraban una explicación para esa tendencia a ver siempre el lado positivo.

Hasta que, gracias al avance de la tecnología –en concreto de las técnicas de imagen cerebral, que permiten monitorizar la actividad de nuestras neuronas– empezaron a encontrar respuestas. En los últimos años, numerosas investigaciones han conseguido reunir evidencia científica que señala que estamos programados para ser optimistas. De hecho, han visto que cuando pensamos en el futuro, nuestras neuronas codifican de forma eficiente toda aquella información positiva y, por el contrario, desechan la negativa. Así, si leemos en las noticias que aumentará el paro no pensamos en que vayamos a perder nuestro empleo, mientras que si nos cuentan una historia de éxito como la de Mark Zuckerberg, un estudiante de Harvard inventor de Facebook, fantaseamos con que algo parecido pueda ocurrirnos a nosotros.

La neurocientífica Elizabeth Phelps, del departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York, estaba intrigada por este comportamiento un tanto iluso del que es el órgano rey. Y junto a Tali Sharot, entonces una estudiante posdoctoral, decidió llevar a cabo una serie de experimentos para entender un poco mejor el sesgo optimista. Pidieron a un grupo de voluntarios que imaginaran posibles futuros, como por ejemplo el final de una relación amorosa o que ganaban un premio. Y emplearon técnicas de resonancia magnética para examinar qué ocurría en sus cerebros mientras recreaban esos escenarios.

Phelps y Sharot vieron que cuando pensaban en hechos positivos se activaba la corteza cingulada anterior y la amígdala, dos áreas cerebrales estrechamente relacionadas con el procesamiento de las emociones. Estas regiones eran muy activas en las personas sumamente optimistas. La corteza cingulada, en las personas sanas, se encarga de regular la información emocional y autobiográfica para generar una visión positiva del futuro. Y la amígdala, por su parte, funciona como un guardia de tráfico, aumentando el flujo de emociones positivas y asociaciones. Cuanto más optimista es una persona, vieron que más actividad se registraba en estas áreas del cerebro, mientras que en los individuos deprimidos, esas regiones cerebrales presentaban problemas de funcionamiento.

Además, este equipo de investigadores se percató de que las personas eran capaces de imaginar con mayor precisión y de forma más vívida un futuro positivo y esperanzador que, en cambio, un escenario negativo. Y no fue ese el único descubrimiento revelador que hicieron.

Regreso al futuro Tras los atentados del 11-S en Nueva York, Tali Sharot comenzó a estudiar los recuerdos que conservaban de aquel trágico día quienes habían vivido el suceso. Once meses más tarde, Sharot volvió a interrogar a aquellas personas sobre lo acaecido y cotejó sus recuerdos con las grabaciones que se tomaron poco después de los atentados. Se dio cuenta de que, a pesar de que las personas estaban convencidas de que sus recuerdos eran fieles a lo sucedido y de que lo recordaban todo de forma detallada, lo cierto es que sólo el 63% de los recuerdos coincidían. El resto no tenía nada que ver; además, la mayoría habían olvidado detalles del evento y en sus crónicas había numerosos errores. Sharot, extrañada, decidió acudir a consultar a colegas neurocientíficos expertos en memoria.

Estos, después de estudiar los casos, achacaron esos errores a nuestro propio sistema para recordar. Tal y como señala Gary Marcus en su libro Kluge. La azarosa construcción de la mente humana (Ed. Ariel, 2010), el sistema neuronal encargado de recordar episodios del pasado, de hecho, no se creó con tal objetivo, aunque se hizo cargo de esa función. La memoria funciona como un gran cofre en el que vamos recolectando y depositando momentos, escenas, personas, palabras, olores, sentimientos. El problema es que el cerebro no lo hace en ningún orden determinado. Las neuronas captan la información pero no la clasifican, sino que la relacionan con un contexto. Nuestro cerebro guarda las cosas utilizando pistas, que son los contextos en los cuales se produjo el recuerdo. El problema viene cuando dos situaciones son similares, ya que la memoria tiende a equivocarse. Las emociones también tienen un papel importante puesto que interfieren en cómo se graban esos recuerdos e incluso pueden distorsionarlos. Pero, además, existía otra teoría acerca de la poca fiabilidad de la memoria. ¿Y si la función de nuestro sistema de recuerdos fuera no sólo recordar el pasado sino también imaginar el futuro y prepararnos para lo que tiene que venir?  “¿Y si la memoria no estuviera diseñada para repetir una y otra vez fidedignamente lo que ya ha ocurrido, sino para reconstruir de forma flexible futuros posibles en nuestra mente?”, se preguntó Sharot. Aquella hipótesis parecía tener mucho sentido, porque, de ser así, la memoria sería un proceso de reconstrucción, en el que algunos recuerdos se insertan y otros se borran. Lo que explica por qué los neoyorquinos no recordaban del todo el 11-S.

Para comprobar si esto era realmente así, Sharot llevó a cabo un experimento. Pidió a un grupo de voluntarios que pensaran en hechos pasados y grabó su actividad cerebral; a continuación, les hizo imaginar eventos futuros en sus vidas, como por ejemplo, un viaje en avión; curiosamente, nadie de aquellos voluntarios pensó en turbulencias, ni en accidentes, ni en bebés llorando, ni mucho menos en retrasos ni en cancelaciones. Cuando la gente se imaginaba el futuro, incluso las cosas más normales y corrientes resultaban positivas. Y lo más sorprendente es que para recordar algo pasado y para fantasear acerca del futuro se activaban las mismas áreas cerebrales. “El optimismo empieza con el que seguramente sea uno de los talentos humanos más extraordinarios, que es la capacidad de viajar en el tiempo”, asegura la investigadora Sharot. Si bien no solemos otorgar mucha importancia a la posibilidad de imaginar cosas acerca del futuro y de recrear una escena del pasado una y otra vez, es una capacidad esencial para la supervivencia.

La insoportable levedad del ser Está claro que esa capacidad de poder viajar hacia el futuro nos ha reportado grandes beneficios a lo largo de la historia de la humanidad y que ha garantizado nuestra supervivencia. No obstante, el precio que hemos tenido que pagar es muy alto: somos conscientes de que un día ese viaje se acabará, que nos moriremos. Y esa idea, de no haber sido modulada por el cerebro, seguramente nos habría conducido a la extinción. Quizás el ser conscientes cada segundo de nuestra existencia de la inminencia del desenlace que nos aguarda hubiera afectado a nuestras funciones diarias. Y puede que la única forma con la que dio el cerebro de contrarrestar eso fuera el optimismo irracional. Somos conscientes de que la muerte nos aguarda pero somos capaces de imaginarnos un futuro esperanzador que nos empuja a querer vivirlo. La capacidad de imaginar el futuro se halla en el hipocampo, una estructura cerebral esencial para la memoria. Las personas que tienen daños en el hipocampo son incapaces de recordar el pasado, pero también de recrear escenarios futuros. “Parecen atrapados en el tiempo”, afirma la investigadora Sharot. Curiosamente, ese viaje por el tiempo que hacemos no es arbitrario, sino selectivo. Así, cuando aparece un escenario negativo, el cerebro tiende a pasar de puntillas por él y se centra sólo en cómo evitarlo.

Cambiando la realidad Las expectativas que tenemos sobre un determinado hecho pueden alterar nuestras actuaciones y por tanto, lo que pase en el futuro. No es que nuestro optimismo transforme la realidad, pero sí la forma en que la percibimos y eso puede repercutir en ella. Por ejemplo, puede que nos despidan; si eso ocurre, en lugar de deprimirse y regodearse en cuán fracasado se siente, el optimista lo asume como una forma de encontrar otro trabajo que le satisfaga más, como una oportunidad de cambiar para mejor; reinterpreta las cosas negativas de forma positiva.

En un experimento científico, a un grupo de estudiantes se les pidió que realizaran un test mientras se escaneaba su actividad cerebral. A algunos de ellos se les estimuló diciéndoles que eran muy inteligentes, mientras que a otros, menos afortunados, se les dijeron las palabras estúpido e ignorante. Los que habían sido expuestos a mensajes positivos obtuvieron mejores resultados que aquellos que habían recibido mensajes negativos. Además, ambos grupos respondieron de manera distinta a los errores: los que habían recibido una palabra positiva, al cometer un error el cerebro registraba actividad en la parte media anterior del córtex prefrontal, la región implicada en la autorreflexión y el recuerdo. En cambio, los cerebros de los otros estudiantes no registraban actividad ninguna tras el fallo. Es como si su cerebro, tras los inputs negativos, tirara la toalla y no esperara hacerlo bien. Esa actitud impide que aprenda y mejore, mientras que los optimistas sí lo hacen.

En general, señala el investigador Martin Seligman, al frente del Laboratorio de Psicología Positiva de la Universidad de Pensilvania, los optimistas suelen tener más éxito en la vida que los pesimistas. Si crees que un contratiempo es permanente, como les ocurre a los pesimistas, ¿intentarás cambiarlo? Las explicaciones pesimistas tienden a hacernos sentir derrotados, por lo que es probable que no llevemos a cabo ninguna acción constructiva. Mientras que las explicaciones optimistas hacen que sea mucho más probable que actúes, porque los contratiempos los consideras temporales. De ahí que en ambos casos, las proyecciones sobre el futuro se conviertan en una profecía que se cumple.

De acuerdo, el optimismo nos ayuda, pero sin control, también nos puede suponer un gravísimo problema. Si somos optimistas por naturaleza, si el 80% de la población del mundo lo es, ¿cómo podemos hacer para beneficiarnos del optimismo y a la vez evitar los tropiezos que comporta? Pues, simplemente, siendo conscientes. “Primero, debemos entender que nuestro cerebro también tiene fallos, pero que eso no es excusa para nuestros actos. Conocer cómo funcionan nuestras neuronas y los errores que tienden a cometer nos puede ayudar a compensarlos o repararlos”, señala Gary Marcus. Se trata, pues, de que estemos en alerta, de que no nos dejemos cegar por la ilusión.

Posteado por: mueblesdebebe | 13 octubre, 2011

Manualidades: Como hacer bolsos de papel

Ayer hice este bolso de papel con mis hijas. Pasamos un rato estupendo y quedamos encantadas con el resultado. ¿Os lo enseñamos?

Material:

- 2 hojas de papel de color lisas, con dibujos o cartulinas
- Perforadora para papel
- Grapadora
- 2 cintas

Pasos: Cogemos 2 hojas de papel, las unimos doblando cada lado y la parte de abajo dándole así la forma de una bolsa. Grapamos.

Con una perforadora hacemos dos agujeros en el extremo superior. Corta dos cintas y enhebralas a través de los hoyos de la bolsa, para así crear las dos asas. Ata los extremos de la cinta para asegurarla y ¡ya tienes tu nuevo bolso!

Nosotras para disimular las grapas, hemos colocado pegatinas.

¿Te animas a hacer uno y nos lo envías?

Posteado por: mueblesdebebe | 7 octubre, 2011

La Huerta de tu casa

Hoy quería recomendaros la tienda online La huerta de tu casa especializada en productos 100% ecológicos. Disponen de una amplia variedad de productos ecológicos: leche fresca de granja, yogures, quesos, frutas, verduras, hortalizas, pastas, vinos y hasta galletas y embutidos!

Y lo mejor disponen una sección de alimentación infantil para cuidar a los más pequeños de la casa.


Entra en www.lahuertadetucasa.com y podrás ver todos sus productos. Además encontrarás ofertas por apertura de tienda .

Posteado por: mueblesdebebe | 3 octubre, 2011

Cuenta Ovejitas: Muebles y complementos para todas las edades

Los muebles y accesorios que decoran la habitación de un recién nacido, no son los mismos que necesitamos cuando nuestros hijos van creciendo.

En Cuenta Ovejitas también pensamos en la decoración de habitaciones para niños más grandes…por eso os ofrecemos modelos de camas, literas y alfombras.

 Estas son de mayor tamaño (1,40 x 2 mt), puedes lavarlas en la lavadora y su composición es 100% algodón.

Entra en www.cuentaovejitas.com y descubre nuestro mobiliario juvenil y modelos de alfombras. ¡Te esperamos!

Posteado por: mueblesdebebe | 29 septiembre, 2011

Cuna reciclada para su mascota preferida

En el Blog Escarabajos Bichos y Mariposas proponen hacer para la muñeca o la mascota preferida de nuestros hijos una cuna. ¡Es ideal, muy fácil y muy barato!


Sólo necesitamos una caja de frutas que hará la función de cuna, sabana o edredón y  ser imaginativos.

En Escarabajos, Bichos y Mariposas, colocaron un edredón de patchwork hecho con telas sueltas. También se puede decorar la cunita al gusto, pintarla del color favorito de nuestros hijos o hacer algún dibujo.

¿Os animáis a hacer una?

« Entradas Recientes - Entradas antiguas »

Categorías

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.